domingo, 28 de marzo de 2010

La suerte grande y la suerte pequeña (cuento japonés)




















Hace mucho, mucho tiempo, vivía un Tengu (duende de nariz larga) en el fondo de una montaña. Este era un adivino muy famoso.
Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivinase sobre las vidas de sus hijos.
El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte. Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."
Los hijos eran íntimos amigos.

Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando sus hijos trajeron unos oniguiri (bolas de arroz).
"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.
Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"
Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.
El hijo de Mokube también hizo lo mismo.
Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tirad sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.

Después de unos años el hijo de Mokube trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija de Tarobe se había casado con un hombre muy rico. Ellos se encontraron después de mucho tiempo.
Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri, por favor, espérame", y se marchó.
Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."
Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había estado guardando.
El hijo de Mokube recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.
Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.
De igual forma tiró otros cinco.
En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."

En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."

El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad.

4 Caricias:

Isora dijo...

Vida, qué lección más bonita la que nos has transmitido a través de este cuento.
La vida está llena de gente, como se dice vulgarmente, con estrella y otros estrellados, pero porque los primeros, como Tarobe y su hija, se esfuerzan en conseguir sus sueños, y vivir la vida a pesar de las piedras que se puedan ir encontrando en el camino, no renuncian a las cosas tan fácilmente, y por eso van avanzando positivamente en la vida; al contrario que Mokube y su hijo, que a las primeras de cambio rechazaban las cosas, de ahí que siempre estuviesen estancados, sin darse cuenta que detrás de algo malo siempre puede haber algo mejor que les ayude a mejorar sus vidas...
Es que es asiiiiiiiiii.
Besos.

Vida dijo...

Isora, eso es, es cuestión de actitud. De cómo te enfrentes a las situaciones en particular y a la vida en general. Por eso hay que valorar todo, hasta las cosas más insignificantes.

Un beso.

Susana dijo...

Muy bonito el relato, Vida; no lo conocía. Me lo guardo!

Un besazo.

Vida dijo...

Susana, me alegra que te guste. Tiene un mensaje muy bonito.

Un super-abrazo.

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