
Llueve en Madrid. He cogido mi paraguas de mariposas y he caminado por las calles mojadas bajo una fina lluvia, no me ha importado que se mojaran mis zapatos de princesa. Todo estaba envuelto en ese olor tan particular de una lluvia tardía después de varios días de calor.
Y mientras caminaba, pensaba… pensaba que la lluvia enriquece la tierra y da de beber a las plantas, haciendo que éstas se vuelvan más cariñosas y crezcan. Pensaba que mis lágrimas alivian mi alma haciéndome sentir mejor. Pensaba que si estoy tranquila y en paz cosecharé los frutos de mi árbol interior. Pensaba en el que ha de llegar… Pensaba en mi nevera vacía y en mi pereza para ir a llenarla.
Ahora, en casa, mis zapatos de princesa están mojados y mi nevera sigue vacía pero estoy soñando y sé que el universo me ve.


















